La despedida (Barichara – Parte III)

De Viaje por Colombia
16 Marzo, 2016 / By / Etiquetas: , / Post a Comment

El día en que tendría que dejar la magia de Barichara se acercaba más pronto de lo que pensaba. La mañana siguiente madrugaría para dejarlo, así que la tarde-noche previa sería la última oportunidad que tendría para seguir descubriendo la belleza del pueblo. Un poco cansado por la caminata que me llevó a Guane a través del Camino Real, decidí que era hora de comer el plato típico de la región y salí en búsqueda de mi cabrito.

De nuevo seguí la recomendación de Miguel (el dueño del hotel donde me estaba hospedando) y me dirigí al restaurante que, según él, sirve el mejor plato del pueblo. Seguí sus señas: descendí dos calles, volteé a la derecha, caminé un poco más y me encontré con el letrero que comprobaba que había llegado al lugar correcto:  Restaurante El Compa.

Barichara

Catedral de Barichara

Barcihara

Palomita en la Catedral de Barichara

El lugar era sencillo y los pocos clientes que almorzaban locales. En el televisor -que estaba en la parte alta de la pared, como vigilando a todos los que esperábamos que nos sirvieran la comida- presentaban una novela turca. ¿Y si en ese mismo momento, en un restaurante de Turquía, estaban viendo una novela colombiana? Dejé de fantasear en el instante en que llegó mi cabrito.

El olor era todo lo que esperaba y con el primer bocado supe porqué era el plato típico de la región. De textura blanda y sabor fuerte, sobrepasó esa expectativa que desde una semana antes del viaje se había apoderado de mi. Cuchillo en mano, capa por capa fui reduciendo el cabrito a un hueso solitario sobre el plato.

Barichara

Una de las bellas casas blancas de Barichara

Y así como la comida era una de las cosas que más expectativa me causaba de Barichara, su cementerio fue el lugar que desde el primer momento quise visitar. Ahora que por fin estaba abierto, y que tenía el tiempo suficiente para explorarlo a profundidad (claro, sin llegar al extremo de entrar a una tumba abierta), decidí comprobar por mi cuenta porqué este lugar siempre aparecía en la lista de sitios a los que necesariamente había que ir.

Barichara

Cementerio de Barichara

Barichara

Esculturas en el cementerio

No soy un experto en cementerios y con seguridad en el mundo habrá otros mucho mejores, pero debo admitir que el de Barichara tiene bien reconocida su fama. Pequeño, con enormes árboles y coloridas flores, es un lugar que, paradójicamente, me pareció lleno de vida. La brisa agitaba fuertemente las ramas, algunas campanas sonaban y la luz del sol (sin ninguna nube que la opacara) le daba a ese lugar (que al principio pensé sería oscuro y terrorífico) un aspecto acogedor.

Aunque sin duda, lo que hace interesante al cementerio de Barichara son las esculturas y las lápidas que adornan las tumbas. De ese color amarillento que parece ser el común denominador de las iglesias del pueblo, existen verdaderos monumentos en honor al descanso eterno. Tras estar un rato en el lugar, es inevitable pensar en lo corta que es la vida y lo pronto que seremos olvidados.

Barichara

Cementerio de Barichara

Barichara

Cementerio de Barichara

Por la tarde quise volver al mirador del pueblo y desde allí decirle adiós a Barichara. A los pocos minutos una pareja se acercó y hablamos de fotografía. Mientras atardecía e intentábamos tomar la mejor foto, supe que eran de Medellín, que ella era una fotógrafa experta y que él (al igual que yo) hasta ahora estaba aprendiendo. Escuché sus consejos y descubrí que todos nos estábamos hospedando en el mismo hotel. Esperamos que el sol se ocultara detrás de las montañas e intentamos dejar un registro gráfico de ese momento.

Barichara

Atardecer en Barichara

Barichara

Chao Barichara

Al subirme al bus que me llevaría a San Gil (para luego llegar a Bucaramanga y finalmente dejar Santander), dudé entre contarle a todo el mundo lo bonito que es Barichara (con el riesgo de que el rumor se esparciera y el pueblo fuera invadido por una manada de turistas), o guardarme el secreto para mi solito, con la falsa ilusión de que mi silencio lo salvaría de las desgracias que otros lugares ha sufrido por cuenta del turismo. Creo que es obvio saber cuál decisión tomé. Quiero que el planeta entero conozca el pueblo más bonito de Colombia, pero que esa fama no lo haga cambiar, que sea el mismo que me encontré y al que siempre recordaré.

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