Viaje a lo desconocido: Göreme (Capadocia – día 1)

De viaje por el Mundo
23 Mayo, 2016 / By / Etiquetas: , , , / Post a Comment

Si contara todas las veces que había querido ir a Capadocia las palabras no alcanzarían, los números se quedarían cortos y habría que inventar una forma nueva de contabilizar. Era mi deuda pendiente con Turquía, parecía ser una tierra lejana que se negaba a dejarme visitarla porque – según ella – aún no estaba listo. Aún no la merecía. Era un privilegio que se me había negado durante mucho tiempo pero que ahora, después de tantos años, por fin se me concedía.

Paradójicamente, tal vez por haber vistos tantas fotos y videos, me la había imaginaba de maneras tan distintas que no estaba muy seguro de lo que encontraría. Tenía miedo de haber idealizado el lugar, de tener expectativas tan altas que con facilidad me decepcionara. Y, claro, también tenía miedo de llegar a la casa de una desconocida que me había contactado por internet y me había ofrecido hospedaje gratis.

De Estambul llegué al aeropuerto de Nevşehir y, tal como lo aconsejan las guías de viaje, esperé a que una mini van me llevara a Göreme. En el camino, pegado a la ventana, intentaba encontrar una imagen familiar: alguna de esas sorprendentes formaciones rocosas que había visto en fotos, o una que otra chimenea de piedra que se dejara retratar. Pero no fue así. La ruta fue recta y sólo después de un rato vi algo que me llamó la atención: una enorme montaña, a decenas de kilómetros de distancia, que en su cima tenía nieve.

Capadocia. Al fondo, la inmensa montaña que vi en el camino

Capadocia. Al fondo, la inmensa montaña que vi en el camino

Al entrar a Göreme, por calles curvas e inclinadas, iniciamos la búsqueda de hoteles-cavernas. De a parejas se fueron bajando los otros pasajeros de la van, hasta que quedé solo y se me llevó a una casa de dos pisos ubicada sobre la vía principal. “¿Es acá?” – pregunté un poco incrédulo, aunque reconocí la fachada por la foto que había visto en internet. “Sí, acá es. Y son 25 liras”.

En el pequeño jardín de la entrada, sentado y con un bastón en la mano, un anciano luchaba con el sueño. Sin atreverme a tocarlo y rogando porque me escuchara, le pregunté con el único turco que sabía y que era útil en esa situación (“Merhaba … Lutfiye?”), si allí vivía la persona que estaba buscando. Algo dijo en su idioma natal y después me señaló las escaleras, movió su mano izquierda e insistió en que subiera.

Al golpear una joven turca me abrió la puerta y me explicó que era amiga de Lutfiye, que ella estaba trabajando y que probablemente volvería en la noche. Me hizo seguir, no sin antes pedirme que me quitara los zapatos, y en el interior escuché un acento que se me hizo familiar. Gigante, de casi dos metros de altura, encontré a un argentino que en compañía de su esposa habían pasado las tres ultimas noches en ese lugar.

Desde el mirador de Göreme

Desde el mirador de Göreme

Göreme

Göreme

Encontrar a alguien que hablara mi mismo idioma, en un lugar tan lejano y del que conocía tan poco, me hizo tener confianza. Sin perder tiempo buscó un par de mapas y me señaló los lugares a los que debería ir. Me explicó las cosas que podría hacer en Capadocia y me prometió que no me arrepentiría de haber venido. Me aconsejó tomar el vuelo en globo (“aunque es un poquito caro vale la pena“) y me contó su historia y próximo destino.

Escuchar la forma en que contaba cómo habían renunciado a su trabajo y decidido viajar por el mundo me llenó de emoción. Esa misma noche partirían a Estambul y de ahí irían a Tailandia. La idea era recorrer el sudeste asiático sin itinerario fijo y con la libertad de destinar el tiempo que quisieran al lugar que les gustara. Unos genios.

Y la noche llegó a Göreme ...

Y la noche llegó a Göreme …

Uno de los "Hotels cavernas" de Göreme

Uno de los “Hotels cavernas” de Göreme

Siguiendo su recomendación subí hasta el mirador antes de que el sol se ocultara. Desde lo alto, y a medida que la luz del día se hacía mas tenue, pude tener una visión más amplia de Göreme y los valles que lo rodeaban. El tiempo parecía no moverse y una manada de fotógrafos aprovechó el escenario para dejar un registro gráfico del pueblo. Trípodes y cámaras con lentes gigantes ocuparon los mejores lugares del mirador, mientras mi celular y yo hacíamos el mayor esfuerzo por conseguir fotos decentes.

De vuelta a “mi casa”, ya vacía y sólo para mi, me di cuenta de que era un lugar especial. Pegadas a la pared había fotos de viajeros de todo el mundo que se habían quedado allí. Fotos que demostraban la amabilidad de una anfitriona que había decidido abrir las puertas de su hogar a todo aquel que buscara un albergue temporal. Esa misma persona que aún no conocía.

El muro de los recuerdos

El muro de los recuerdos

Casi a las 8 me escribió y me preguntó si quería ir con sus amigos a comer. Diez minutos después un carro me recogió y juntos fuimos a un pueblo cercano. En el camino me contó que había pensado abrir un hostal en su casa (eso explicaba porqué había tantas camarotes) pero que había tenido que abandonar su proyecto porque se necesitaban muchos permisos y dinero. Para no desaprovechar la disponibilidad de camas, había decidido hospedar a cuanto viajero se lo solicitara en Couchsurfing. Su idea era hacer muchos amigos alrededor del mundo, a quienes podría acudir el día que decidiera viajar por todo el planeta.

Comimos, se negaron a dejarme pagar y me devolvieron a casa. Sabía que los turcos eran amables pero en Capadocia se habían pasado: ¿hospedaje, comida y transporte gratis? Me estaban consintiendo en exceso en mi primer día y aún faltaba más …


Gran parte de esta “Expedición Turquía 2016” fue lograda gracias al apoyo de Ada Vegas Travel, una agencia de viajes fundada en 1993, que se especializa en visitantes latinoamericanos, y a la que definitivamente recomiendo.

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