El río de los cinco colores (Caño Cristales – Parte 2)

De Viaje por Colombia
27 Agosto, 2016 / By / Etiquetas: , , / Post a Comment

Temprano en la mañana salimos del hotel y llegamos al puerto. Ese día, que parecía sería nublado y lluvioso, por fin iríamos al destino principal de nuestro viaje: Caños Cristales. Nos pusimos los chalecos salvavidas, subimos a las canoas y tras recorrer un trayecto mucho más corto que el del día anterior, en pocos minutos pisamos tierra firma de nuevo.

Al llegar nos dimos cuenta que a pesar de haber madrugado, no era tan temprano como pensábamos. Antes que nosotros ya habían llegado otras personas y el tiempo de espera para tomar la camioneta sería un poco largo. Minutos suficientes para tomarse foto con las vacas que estaban descansando a pocos metros de distancia, recordar historias de viajes y terminar de hidratarse para una caminata que prometía ser épica.

Vaca

Foto de Alexander Gil

Macarena1

Verde por todas partes

Las nubes desaparecieron y nuestro turno llegó. Despacio, porque en un camino así no se podía de otra forma, la camioneta se tragó los 8 kilómetros de tierra que nos separaban del punto en que deberíamos seguir a pie. Allí, unos soldados nos saludaron y de inmediato seguimos el sendero que nos acercaría al río de los cinco colores.

A los pocos metros el grupo se dividió en dos: con Fernando se fueron aquellos que querían hacer la ruta larga, y con Paola nos quedamos los que deseábamos un ritmo más suave, ir despacio y sin afanes. En vez de subir por la montaña, nos acercamos a la ronda del caño y por su orilla fuimos descendiendo. Y entonces, luego de unos cuantos minutos de camino, nos encontramos de frente con la belleza del río.

Macarena2

“El tapete”

Lamacarena5

Dan ganas de fotografiar cada metro cuadrado

El primer sitio en el que vimos el color característico de Caño Cristales fue en el sector de “El Tapete”. La luz del sol resaltó la tonalidad de la Macarenia Clavigera (la planta acuática encargada de brindarle magia al lugar) y pareció como si el río se hubiera tapizado con una alfombra roja. Tiempo de admiración, de contemplar sin tocar para que esta belleza de la naturaleza no se viera afectada.

Pero luego llegamos a un sitio en el que sí se podía nadar, además de estar a pocos centímetros de las macarenias. Sólo para nosotros, el pase dominguero tomó forma. Día de relajación, de disfrutar de un clima perfecto y de flotar en el agua sin ningún tipo de preocupación. De hecho, el día se pasó en el agua. A poca distancia de entre sí, dos sitios más fueron las piscinas naturales con las que cualquiera podría soñar.

Macarena3

Tiempo para nadar

Macarena4

Caño Cristales

A l medio día desempacamos la hoja de plátano en la que se nos había entregado el almuerzo en la mañana y comimos a la orilla del río. En ese momento recordé, una vez más, que Colombia es un país afortunado por su belleza natural, y que sitios como este deben ser conservados y por ninguna manera se debe permitir que sean destruidos (incluso si sus alrededores están llenos de petróleo).

Macarena7

En octubre es la época en la que mejor se ven los colores del caño

Y cuando pensamos que ya lo habíamos visto todo, llegamos a “Los Ochos”. La imagen preconcebida que tenía de Caño Cristales se quedó pequeña en comparación a la inmensidad del lugar. Sobre las rocas grises que parecían ser terreno de otro planeta, teníamos una visión perfecta del agua que caía sobre que pequeñas cascadas y que después descendía en agujeros circulares. Estábamos en una locación de película, o bueno, por lo menos de un buen documental sobre las maravillas de la Tierra.

Caño2

“Los Ochos” (Fotografía de Alexander Gil)

Caño3

Es un lugar mucho mas grande e imponente de lo que se ve en las fotos (Fotografía de Alexander Gil)

De noche, fue tiempo para un parrando llanero. Con otros turistas que parecían venir de cada rincón del planeta, nos reunimos en un salón lleno de sillas y con un pequeño escenario. Sobre él, instrumentos de música llanera anunciaban un espectáculo de folclor que prometía talento y diversión.

Al sentarnos nos trajeron mamona (el plato típico de la región), y al darle el primer mordisco supe que era una de las mejores que había probado en mi vida (algo nada despreciable si se tiene en cuenta que nací y he vivido en el llano durante muchos años). Tierna y blanda, la carne y la yuca parecían derretirse en la boca.

Joropo1

Música llanera (Foto de Alexander Gil)

Macarena8

Coplas llanera

Y entonces el show empezó. Sobre el escenario un llanero recitó coplas con la música del cuatro, el arpa y la maraca de fondo. Hablaba del trato diferente a ricos y pobres, de amor y desamor, de temas universales que así como inspiran a artistas en París o Roma, también lo hacen en lugares tan alejados como La Macarena.

Una mujer cantó música llanera y después un hombre la reemplazó. Luego, niños bailaron joropo con una pasión y energía que sólo aquellos que sienten la importancia de su cultura pueden demostrar. Zapatearon, giraron y recibieron aplausos. Eran los reyes de la noche y lo sabían.

Del escenario anunciaron que uno no se podía ir del llano sin bailar joropo, así que nos enseñarían cómo hacerlo. Una niña demostró el paso básico de la mujer y un niño el del hombre. El resto era intentar seguir el ritmo de la música. Fácil para ellos, no tanto para la mayoría de las personas que los veían con cara de asombro desde las sillas.

Joropo2

Foto de Alex Gil

Macarena9

Bailando joropo

Sonó la música y los niños salieron en busca de parejas. Al azar nos escogieron  y decirles que no fue prácticamente imposible. Con paciencia intentaron hacernos sentir que no éramos tan malos bailando (aunque en realidad la mayoría de nosotros no zapateábamos como se suponía que debía ser) y por momentos lo lograron: cuando nos hacían girar como bailarinas de ballet. El llanero que creía que tenía por dentro, al parecer, carecía del don de bailar joropo.

El parrando terminó y felices volvimos al hotel. Había sido un día en el que no solo conocimos la belleza natural del país, sino también de su gente, su cultura, gastronomía y folclor. La nostalgia ya se empezaba a sentir porque al día siguiente partiríamos, aunque tenía la certeza de que las próximas 24 horas serían igual de mágicas.


Este viaje fue realizado gracias al apoyo de Xplora Colombia, empresa de turismo enfocada en la preservación ambiental. Sus servicios son de altísima calidad y totalmente recomendables. Ofrecen diferentes planes para viajar a Caño Cristales desde Bogotá y Villavicencio, al igual que excursiones al amazonas y el pacífico colombiano (Para mayor información, los pueden contactar al correo mjara@xploracolombia.com o al teléfono 316 4460453).

Muchas de las fotos publicadas son de Alexander Gil, excelente fotógrafo que nos acompañó en el viaje. Lo pueden seguir en Instagram.

You Might Also Enjoy Reading