Volando a La Macarena (Caño Cristales Parte 1)

De Viaje por Colombia
16 Agosto, 2016 / By / Etiquetas: , / 1 Comment

Imaginen ir a un lugar en el que parece que un arcoiris se hubiera derretido para darle color a un río. Imaginen  que para llegar allá hay que tomar un avión, navegar en una canoa, subirse a un carro y caminar en medio de la naturaleza, en un recorrido que se vuelve adictivo y querrán repetir muchas veces. Imaginen que lo hacen acompañados de personas que aman su pueblo, conocen cada detalle de la zona y se preocupan porque no les falte nada y sean felices. Imaginen un sitio que por su belleza siempre quedará grabado en sus retinas y recuerdos. Imaginen estar allá y entenderán porqué los días que estuve en La Macarena nunca los olvidaré.

El viaje comenzó temprano y en medio de un aeropuerto que no conocía. En Guaymaral, mientras mis compañeros de expedición intentaban adivinar en cuál de los dos aviones iríamos, Samuel (nuestro piloto y cofundador de la agencia de viajes que nos llevaría a Caño Cristales) explicaba que la aeronave en la que volaríamos (un Cessna Grand Caravan) es tan segura que es el único monomotor autorizado para llevar al presidente de Estados Unidos. Dato importante que me tranquilizó aún más, a pesar de saber que las posibilidades de que sufriéramos un accidente eran mínimas.

Uno de los aviones de Llanera de Aviación

Uno de los aviones de Llanera de Aviación

Porque aunque no tenía miedo a volar, sí me causaba curiosidad saber lo que sentiríamos en una avión pequeño. Nunca antes había volado en esa clase de aparatos y jamás había estado tan cerca de un piloto. Las ganas de despegar aumentaron y ya quería estar en el aire. Me sentí afortunado porque, a diferencia de otras compañías de turismo, Xplora Colombia cuenta con sus propios aviones (gracias a una estrecha alianza con Llanera de Aviación) y sabe aprovecharlo para hacer sentir a sus clientes especiales.Y de eso me daría cuenta dos días después.

Foto grupal al frente de la nave y empezó el embarque. Uno a uno fuimos subiendo al avión y con sorpresa descubrimos el desayuno que en una cajita nos tenían preparado. Pequeño detalle que anticipaba una serie de sorpresitas que vendrían más tarde.

Chao Bogotá

Chao Bogotá

Hola La Macarena!

Hola La Macarena!

El avión despegó y, como un niño que vuela por primera vez, fui incapaz de dejar de mirar por la ventana. Con fotos y videos intenté registrar la grandeza de Bogotá, la cordillera que atravesamos y el enorme mar verde que conforman los llanos colombianos. A pocos minutos de llegar a nuestro destino final, sobrevolamos la Serranía de La Macarena, vimos la curvatura del río Guayabero y pasamos por encima de Caño Cristales. Luego, aterrizamos suavemente y de inmediato sentimos el cambio de clima: la fría capital quedó atrás y el calor de la Orinoquía se hizo presente.

La particular forma de recoger las maletas del avión

La particular forma de recoger las maletas del avión

La Macarena – urbanísticamente hablando – no es mas que un pequeño pueblo con pocas calles pavimentadas. Llegar en carro no es imposible, pero hacerlo desde Bogotá toma alrededor de tres días (o por lo menos eso fue lo que escuché). Las motos y los billares abundan, pero el internet y la señal celular escasean. Sin embargo, tiene lo necesario para pasarla bien. El lugar en el que nos hospedamos, por ejemplo, ofrece cómodas habitaciones con baño y ducha privada, aire acondicionado y televisión por cable (se llama Hotel Shalom y es totalmente recomendado. Excelente elección de Xplora).

Rio Guayabero

Rio Guayabero

Rumbo al primer destino

Rumbo al primer destino

Pero a La Macarena no se llega a dormir. Tras dejar las maletas en el hotel y escuchar la charla obligatoria que se debe tomar antes de dejar el casco urbano y adentrarse en la manigua, nos dirigimos al puerto y embarcamos en una canoa a motor. Al parecer, era el día en que iría en medios de transporte que nunca antes había usado.

Por cuarenta minutos me olvidé de la ciudad. El viento sobre mi cara y las gotitas de agua que de vez en cuando salpicaban mis brazos, fueron suficientes para desear que el paseo en río no llegara a su fin. Cuando veíamos animales, la canoa se detenía y todos dirigíamos la mirada hacia la orilla: a los árboles en búsqueda de aves o monos, o a la parte baja, queriendo encontrar tortugas o caimanes (que se suponía había en el área, pero que nunca vimos ni de lejos).

No hay nada como ir en canao :D

No hay nada como ir en canao 😀

Rio arriba el agua se volvió mas turbia y caudalosa, hasta que nos acercamos a la playa y descendimos a tierra firme. El canoero nos acompañó y junto con los dos guías iniciamos una larga caminata bajo el intenso sol del medio día. Por momentos el suelo se hizo fangoso y caminar resultó un poco más difícil de lo habitual: los zapatos se enterraron temporalmente en el barro y sacarlos de nuevo a la superficie tuvo su ciencia. Luego el paisaje cambió y el camino fue en medio de una inmensa sabana que dejó ver a lo lejos la silueta de la serranía de La Macarena.

Mientras completamos los cuatro kilómetros que nos separaban de nuestro destino, Fernando y Paola (nuestros guías) nos explicaron los nombres de las plantas y animales que veíamos, la importancia del ecoturismo en la región y el dato – muy impresionante y tal vez por eso un poquito difícil de creer- de que estábamos caminando sobre uno de lo suelos mas antiguos del planeta.

Caminando en la sabana

Caminando en la sabana

Caminando en "la selva"

Caminando en “la selva”

Y entonces, de la nada, gigantescas piedras aparecieron en medio del camino. Los guías llamaron al lugar “Ciudad Perdida” (a pesar de que ninguna civilización o asentamiento humano había vivido allí), bautizando de una manera muy acertada a estas formaciones rocosas que se asemejaban a las ruinas de un pueblo desaparecido. Subimos sobre unas rocas, tomamos alguna fotos y continuamos la caminata en búsqueda de agua.

A esa hora del día no queríamos algo diferente que sumergir la cabeza en un manantial de agua fría. El día siguiente iríamos a Caño Cristales y apreciaríamos en su magnitud las plantas que le dan su particular color, pero esa tarde tendríamos un pequeño adelanto. A pocos metros de la “Ciudad Perdida” nos encontramos con un  mini río de unos cuantos centímetros de profundidad, que desembocaba en un agujero de metro y medio de alto que se convirtió en la pequeña piscina en la que nos pudimos refrescar. Un oasis en medio del caluroso y soleado día, adornado con rojizas plantas acuáticas.

Ciudad Perdida

Ciudad Perdida

Pinky, la perrita que se unió al paseo

Pinky, la perrita que se unió al paseo

Mientas estábamos en la canoa, de vuelta al pueblo, el sol también decidió descansar. El atardecer desde el río fue el final con broche de oro para un día perfecto. Aunque cansado, me fui a la cama feliz porque estaba en un lugar único en el mundo, a pocas horas de ir al “río más bonito del mundo”, y con la absoluta seguridad de que jamás olvidaría La Macarena.

El atardecer desde el río

El atardecer desde el río

Este viaje fue realizado gracias al apoyo de Xplora Colombia, empresa de turismo enfocada en la preservación ambiental. Sus servicios son de altísima calidad y totalmente recomendables. Ofrecen diferentes planes para viajar a Caño Cristales desde Bogotá y Villavicencio, al igual que excursiones al amazonas y el pacífico colombiano (Para mayor información, los pueden contactar al correo mjara@xploracolombia.com o al teléfono 316 4460453).

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