Despedida por todo lo alto (Caño Cristales – Parte 3)

De Viaje por Colombia
10 Octubre, 2016 / By / Etiquetas: , / Post a Comment

El día de partir llegó y antes del atardecer estaríamos de vuelta en Bogotá. Sin embargo, aún teníamos tiempo para conocer un par de lugares más y vivir una sorpresa que Xplora Colombia nos tenía preparada. Porque si el sábado y el domingo habían estado llenos de paisajes espectaculares y momentos mágicos, el lunes no sería diferente.

A pocos minutos del puerto llegamos a la finca en la que inicia el sendero a Caño Cristalitos. Caminamos unos cuantos metros y nos encontramos con la versión pequeña, casi en miniatura, del río de los cinco colores. Para ser sincero, tengo que admitir que de ese tamaño creía que era Caño Cristales, y que no tenía ni idea de que existía este otro cuerpo de agua multicolor.

Caño Cristalitos

Caño Cristalitos

Poco después de llegar empezó la lluvia y no hubo lugar en el que nos pudiéramos refugiar. Aunque algunos nos escondimos debajo de los pequeños arboles que encontramos cerca, este no fue mas que un intento fallido que nos dejó casi igual de mojados a quienes decidieron entrar al caño y nadar hasta que escampara. Veinte minutos de agua que contrastaron con el ardiente sol que habíamos tenido los dos días anteriores.

De vuelta a la finca nos recibieron con una taza de café que de inmediato nos devolvió el calor (aunque suene raro que en La Macarena se pueda llegar a sentir frío). Luego, las nubes se dispersaron y el sol volvió a salir. Así que antes de que el clima cambiara de nuevo, decidimos que era tiempo de liberar algunas tortugas y volver al pueblo. Tres pequeñitas fueron las elegidas y su destino – literalmente -estaba en nuestras manos.

Liberar las tortugas no fue del todo unánime y el acto no estuvo exento de cierta polémica: mientras algunos creían que se trataba de una trampa para turistas (por aquello de tener que comprarlas y pagar por su libertad), otros no le veían problema a dar una pequeña contribución a un proyecto que se estaba encargando de cuidar la especie.

Una de las tortuguitas que serían liberadas

Una de las tortuguitas que serían liberadas

Segundos antes de que lloviera

Segundos antes de que lloviera

Al momento de la liberación las opiniones también fueron divididas. “¿Las dejamos en la orilla?” “No, puede que vuelvan a cautiverio cuando nos vayamos…” “¿Y si las liberamos en el medio del río?” “No, hasta ahora son tortugas bebé y puede que no estén acostumbradas…”. Finalmente se decidió que lo mejor era liberarlas juntas, en la orilla de río, a unos cientos de metros de distancia del lugar que había sido su hogar desde el nacimiento.

En La Macarena, a escasos metros del aeropuerto, cachama frita fue la última comida que nos sirvieron en el restaurante en el que desde el primer día nos trataron como reyes. “Los espero en el avión” dijo Samuel al terminar su almuerzo, con la naturalidad de quien le dice a otro “te espero en el parqueadero”. Y así, como quien va a buscar su carro para volver a su casa, llegamos a la pista y nos preparamos para despegar (las ventajas de estar con una agencia de viajes que – prácticamente – tiene sus propios aviones y pilotos).

La pista del aeropuerto

La pista del aeropuerto

Con el cielo despejado dejamos La Macarena. En el aire, antes de hacer su maniobra, Samuel nos advirtió que él siempre tendría el control y que no habría nada de qué preocuparse. Luego, el avión descendió, hizo una U y volvió a ascender. Gritos y sonrisas que nos hicieron sentir como en una montaña rusa. Para celebrar, champaña y brindis por un viaje en el que siempre aparecía una sorpresa en el momento menos imaginado.

Pero aún quedaba una sorpresa más. Una que nunca me habría imaginado vivir y que – hasta el día de hoy – se conserva como uno de los momentos más emocionante de mi vida. Como si se tratara de lo mas normal del mundo, Samuel nos fue llamando uno a uno al puesto de copiloto, nos permitió estar allí por unos minutos  y “pilotear” el avión por unos segundos. Mi turno fue el último y durante el tiempo que tuve las manos sobre el manubrio sobrevolamos a 300 kilómetros por hora sobre mi ciudad. ¿Acaso se podía pedir más?

Siendo copiloto por unos minutos

Siendo copiloto por unos minutos

Llegando a Bogotá

Llegando a Bogotá

Ya en Bogotá, felices por los tres días que habíamos vivido juntos, nos despedimos como si fuéramos amigos de toda la vida. Ahora que había estado en Caño Cristales y conocido un lugar de Colombia del que no muchos saben, me sentí afortunado y agradecido con la vida. Y claro, con Xplora Colombia también.


Este viaje fue realizado gracias al apoyo de Xplora Colombia, empresa de turismo enfocada en la preservación ambiental. Sus servicios son de altísima calidad y totalmente recomendables. Ofrecen diferentes planes para viajar a Caño Cristales desde Bogotá y Villavicencio, al igual que excursiones al amazonas y el pacífico colombiano (Para mayor información, los pueden contactar al correo mjara@xploracolombia.com o al teléfono 316 4460453).

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