El día que volé en un globo sobre Capadocia

De viaje por el MundoFoto (o Video) Relatos
28 Enero, 2017 / By / Etiquetas: , , , , / Post a Comment

Existen lugares a los que siempre hemos querido ir. En algunos casos son tan populares y famosos que conocerlos es el sueño compartido de millones de personas, y otras veces son tan remotos y desconocidos, que se pueden llamar “pequeños tesoros escondidos” de los que pocos saben su existencia. Mientras algunos sueñan con conocer la Torre Eiffel o ir a Disneyland, otros añoran caminar por las playas tailandesas o conocer un monasterio tibetano. Aunque los gustos varíen, lo cierto es que cada persona tiene un pequeño rincón del planeta del que ha leído, visto alguna foto o video, y ha querido conocer antes de morir.

En mi caso, ese lugar estaba en Turquía y se llamaba Capadocia. Pero más que ir allá y recorrer cada uno de sus valles, ciudades subterráneas y formaciones rocosas que parecían traídas de Marte, soñaba con verla desde el aire, al amanecer y desde un globo. Las fotografías que internet me mostraba parecían irreales y tenía que averiguar si en realidad sería ese lugar mágico que dejaba sin aliento.

En la madrugada, antes de salir uno de los globos

Göreme

Como si el destino quisiera que mi sueño se cumpliera, meses antes de volver a Turquía recibí una propuesta que me costó creer al principio: a cambio de que contara mi experiencia y mencionara su compañía de viajes, mi nuevo amigo turco me obsequiaría un vuelo en globo sobre Capadocia. ¿Acaso podría negarme? Claro que no, ¡de ninguna manera!

Aunque no me ilusionaba del todo. Existía la posibilidad de que no pudiera viajar a Göreme (hogar de los globos de Capadocia), que la propuesta se retirara o no fuera seria desde el principio. Y si bien estos últimos dos escenarios no serían tan graves como el primero, si pondrían en una situación difícil a mi ajustado presupuesto: ¿podría darme el lujo de pagar por algo que pensé sería gratuito?

Amo los globos 😀

Casi tocando el suelo

Meses después, ya en Turquía, bastaron unas pocas horas en Göreme para que la pregunta tuviera respuesta de los labios de un argentino a quien también le habían dado hospedaje gratuito gracias a Couchsurfing: “aunque es un poquito caro vale la pena“ (¡y lo decía alguien que había que tenido que pagar por dos!).

Sin embargo, la propuesta de mi nuevo amigo turco seguía en pie: “Toma muchas fotos y videos. Y, ante todo, diviértete, estoy seguro de que te va a gustar”, me escribió antes de confirmar el lugar y la hora de recogida: el día siguiente, a las cinco de la mañana, en un hotel cercano.

Contrario a lo que creía, madrugar no fue difícil. Antes de que sonara la alarma ya estaba de pie y en menos de lo que usualmente tardo, ya estaba listo para salir. La noche anterior había pensado que sería imperdonable que me despertara tarde y perdiera el vuelo, así que estar cinco minutos antes de la hora acordada me hizo sentir tranquilo. Pero la tranquilidad duró poco.

Con las primeras luces del amanecer

Muchos globos!

El tiempo pasó y oscuridad de la madrugada se fue diluyendo. Cinco, diez y quince minutos después de las cinco y aún no me recogían ¿Acaso me había equivocado de hotel? ¿Ya habrían pasado por mi y se habían ido al no verme? ¿Dónde carajos estaban? La intranquilidad aumentó al ver las primeras camionetas pasar por la avenida principal, cargadas con cestas de mimbre y globos, saliendo del pueblo y alistándose para volar. Conté alrededor de una decena durante el tiempo que esperé.

Y entonces finalmente me recogieron. Una van se detuvo a pocos metros de distancia y de ella salió el conductor: me saludó, no preguntó mi nombre pero me dio una credencial con el número de mi grupo. Me dijo que se había demorado porque uno de los clientes se había tardado en salir de su hotel, pero que estábamos bien de tiempo y no habría ningún problema. O por lo menos eso creo que fue lo que dijo en la mezcla de turco e inglés que utilizó.

A pocos kilómetros del centro de Göreme llegamos a lo que llamé “La base de operaciones de los globos de Capadocia”. En fila india entramos a un inmenso salón en el que esperaban los demás pasajeros y recibimos un  café y sándwich como desayuno. Pocos minutos después volvimos a subir a la van, esta vez para recorrer los pocos metros que nos separaban del lugar del que empezaría el ascenso.

Uno a uno fuimos entrando a la cesta de mimbre mientras el enorme globo se iba hinchando, de a poco, con el fuego que calentaba el aire y hacía posible que en pocos minutos nos alejáramos de la tierra. Escuchamos las instrucciones de qué hacer en caso de que hubiera una aterrizaje de emergencia, imitamos la posición que el guía nos mostró y sonreímos al fotógrafo que nos acomodó en pequeños grupos para luego poder tener un recuerdo en físico del viaje.

Al interior de la cesta

Y muchos mas globitos

Y entonces, llegó la hora de volar. De manera imperceptible ascendimos y en pocos minutos ya estábamos flotando a cientos de metros de altura. Los carros se vieron del tamaño de las personas y las personas como pequeños puntos negros. A lo lejos, el paisaje se adornaba con globos de todos los colores y a diferentes alturas: algunos a punto de despegar, otros volando sobre nosotros y unos muy por encima.

Durante una hora navegamos por los valles y las formaciones rocosas que hacen tan famosa a Capadocia. Por donde se mirara, la luz del sol al amanecer, que a veces se hacía naranja y luego más amarilla, hacía que siempre hubiera una imagen digna de ser fotografiada y convertida en postal. Las palabras se quedan cortas para describir lo feliz y sorprendido que me sentí mientras estaba en el globo.

Lo bueno dura poco 🙁

Aterrizando, al lado de otro globo que también lo acababa de hacer

Pero como todo en la vida dura poco (o cuando un momento es agradable se siente que pasa volando), el tiempo de volver a tierra llegó. Lento y sin turbulencias, como si estuviéramos al interior de un ascensor, dejamos el cielo y en un aterrizaje perfecto la cesta de mimbre se posó sobre la camioneta que la llevaría a descansar para hacer feliz a más pasajeros el día siguiente.

Celebramos con champaña el exitoso vuelo y luego recibimos el certificado que comprobaba que habíamos volado en globo sobre Capadocia. Para muchos, es una experiencia que se debe tener por lo menos una vez en la vida, pero después de hacerlo, estoy convencido de que es algo que se debería experimentar cada vez que fuera posible (y si es una vez al año, ¡mejor!).

Ya en tierra

Empacando el globo para un nuevo vuelo el día siguiente


Gran parte de esta “Expedición Turquía 2016” fue lograda gracias al apoyo de Ada Vegas Travel, una agencia de viajes fundada en 1993, que se especializa en visitantes latinoamericanos, y a la que definitivamente recomiendo.

You Might Also Enjoy Reading